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sábado, 30 de abril de 2011

UN SANTO EN EL LUGAR EQUIVOCADO.


UN SANTO EN EL LUGAR EQUIVOCADO.

"¿Por qué es que algunas personas pueden resolver los problemas más complicados con gran facilidad, mientras que otros agonizan en todas las crisis pequeñas y terminan ahogando en un vaso de agua?" Le pregunté.

Ramesh respondió diciéndole a la siguiente historia:

"Érase una vez, hubo un hombre que había sido el alma de bondad toda su vida.
Cuando murió, todo el mundo suponía que iba a ir directamente al cielo, porque el lugar es posible sólo para un buen hombre como él era el paraíso.
El hombre no se mostró especialmente preocupado por ir al cielo, pero eso era cuando se fue.

Ahora, en esos días, el servicio en el cielo no era todo lo que podría ser.
La recepción fue muy ineficaz, y la chica que recibió le dio sólo una mirada superficial a través de las fichas antes de ella y cuando ella no pudo encontrar el nombre del hombre, que lo envió directamente al infierno.

Y en el infierno nadie le pide que compruebe su tarjeta de identificación o su invitación, para cualquier persona que aparece se invitó a pasar el hombre entró y se quedó.

Algunos días después, Lucifer irrumpieron a las puertas del Cielo para exigir una explicación de San Pedro.

"Lo que estamos haciendo es puro terrorismo", dijo. "Tú enviaste a que el hombre al infierno, y él está completamente conmigo socavando! Desde el principio, no estaba escuchando a la gente, mirando a los ojos, hablar con ellos.
"Y ahora todo el mundo está compartiendo sus sentimientos y abrazos y besos. Ese no es el tipo de cosas que quiero en el infierno! Por favor, déjalo en el Cielo! "

Cuando Ramesh terminó de contar la historia, me miró con cariño y le dijo:

"Vive tu vida con tanto amor en tu corazón que si, por error, fueron enviados al infierno, el diablo se os entregarán al Paraíso."

paulocoelhoblog.com

miércoles, 1 de septiembre de 2010

HISTORIA DE UNA SEMILLA.


HISTORIA DE UNA SEMILLA
POR ELENA G. GOMEZ

Soy muy pequeña, redondita, y mi piel es un poco oscura. Algunos dicen que soy fea pero eso es porque no saben que cuando crezca seré muy hermosa. Hace ya algunos días que dejé la bolsa, y tengo que confesar que siento un poco de añoranza, porque allí estaban mis hermanas y amigas. Ahora estoy aquí sola, encerrada en un mundo muy oscuro, hay mucho silencio y me siento muy inquieta, muy, como diría, impaciente, porque empieza mi vida y tengo muchas cosas que descubrir. Me hago muchas preguntas, ¿cómo seré? ¿qué color tendré? ¿les gustaré?, pero tengo que esperar aún mucho tiempo para poder encontrar las respuestas.
Hace un momento os decía que era redondita, ¿verdad?, pues ya no, están ocurriendo cosas en mí de una forma muy rápida, ahora me han salido unos pelillos, nada de importancia, no os asustéis, aún no soy la semilla barbuda de circo, y se están enroscando por todos los lados. Son blancos y crecen con gran rapidez, la verdad es que es una sensación muy agradable porque me hacen sentir muy segura. Hace frío y aunque se está mejor en esta tierra que en la bolsa, me siento muy extraña. Poco a poco noto como todo mi cuerpo se está estirando. Estoy creciendo por todos los lados, ahora ya no sólo tengo pelillos también está saliendo una cosa larga y verde, muy parecida a un cuello que crece y crece. Las cosas se están complicando un poco, aquí hay un problema, como diría yo, de espacio, o mi cuerpo es muy grande o este trozo de tierra es muy pequeño. Por eso llegó un momento en que me sentí realmente asfixiada, y empecé a luchar y a gritar... ¿Hay alguien más? ¿Hay algún alma caritativa que me ayude a quitarme este peso de encima?, pero nadie me respondió. Definitivamente estaba sola. Una y otra vez me repito que tengo fuerza, que no hay problema. Cada día empujo y empujo la tierra un poco más, y desde hace unos días me parece que percibo una luz pequeña y difusa, como si fuera una voz que me llama y que me anima a seguir empujando. Pero ¿hacia dónde voy? ¿Qué es esa luz?
Nadie se puede imaginar lo duro que es salir, ¿les pasará igual a todas las semillas?, pero no me desanimo y sigo repitiéndome que tengo mucha fuerza. Sí, la fuerza me acompaña.
Por fin un día se produjo el milagro y salí. De repente todo se volvió suave y sencillo, la carga y la oscuridad desaparecieron, y entonces comprendí que ya nunca más tendría que soportar ninguna prisión, ¡al fin era libre!
Y un mundo nuevo se abrió delante de mí, un mundo lleno de calor, de color, de movimiento. Todo lo que había vivido hasta ahora era una mínima parte de lo que aún quedaba por vivir. ¡Y pensar que hubo un momento en que dudé de que existiera otra forma de vida fuera de ser semilla, y que incluso tuve miedo de la luz que me llamaba! Pero todo eso ahora ya no importa, ahora sé que la lucha mereció la pena, que el esfuerzo tuvo su recompensa.
Y estaba yo observando todo aquel apasionante mundo cuando de pronto me estremecí, sentí algo muy suave y conocido, algo que estaba guardado en lo más profundo de mi recuerdo, era la Voz. La Voz que había escuchado cuando aún apenas existía, cuando vivía en la bolsa. Y esa Voz volvió a hablarme y lo hizo llena de amor. Entonces la vi por primera vez y sentí el contacto de sus manos, y con mucho cuidado me sacó de la tierra y me colocó en otro lugar. Un lugar en el que había muchas flores mayores y con las que pronto establecí amistad.
Junto a ellas crecí y fueron ellas las que me enseñaron todo lo que ahora sé.
Me explicaron que aquella voz era nuestra madre, que nos cuidaba, que se preocupaba por nosotras y que se sentía muy contenta si nosotras estábamos bien. Pero ella, nuestra madre, a pesar de ser más grande y poderosa que nosotros aún tenía muchas cosas que aprender, porque ella aún no sabía que era como nosotras, que era en realidad una semilla aunque de otro jardín. El jardín de los humanos.
Entonces me sentí muy triste por los humanos y pregunté a mis hermanas: "¿y cómo pueden vivir sin saber que son semillas?".
Ellas me dijeron que no debía preocuparme porque algún día ellos aprenderían a escuchar a todas las vidas pequeñas que los rodeaban y entonces comprenderían los patrones que sigue la creación, y que éstos son los mismos en un hombre, en una semilla, o en un pensamiento. Porque en realidad cada uno de ellos es el fruto de una semilla (espermatozoide) sembrado en una tierra (ovario) que le acogió.
Pero, como sucede en la semilla, para que esta salga y dé lugar a una nueva flor necesita unas condiciones determinadas, necesita que sea la época del año adecuado, que el calor, la humedad, etc. sean las correctas, igual, exactamente igual sucede para que surja un humano.
Fueron ellas, mis hermanas, las que también me enseñaron que la madurez de una semilla no es ser flor, sino que ésta llega cuando la flor está llena de semillas, así como la madurez de los humanos llega cuando descubren su capacidad de pensar, porque cada uno de los pensamientos son en realidad semillas cargadas, potencialmente, de una nueva vida.
Y por la misma relación, si existe una semilla distinta y específica para cada planta, también existe una idea o un pensamiento para cada cosa.
Por eso los humanos tienen que comprender que cuando plantan margaritas utilizan semillas de margaritas, y siguiendo la misma lógica, si en sus vidas siembran positividad, recogerán positividad, si siembran temor, recogerán temor, si siembran limitación, recogerán limitación. Así de sencillo.
Pero aún hay más. Ellos tienen que comprender que si uno compra las semillas siempre dependerá de otros para tener resultados. Por eso hay tantos humanos que se sienten vacíos por dentro, porque se pasan la vida utilizando semillas de otros humanos sin saber que ellos también poseen las suyas propias.
El humano tiene que descubrir que hay muchos mundos dentro de este mundo, hay muchos mundos para explorar y conocer, para crear, pero, sobre todo, para aprender.
Y la lección que ahora le toca al ser humano está en la mente, en aprender a utilizar la mente, y por tanto, a sembrar las semillas que en ella hay: los pensamientos.
Y para ello tendrá que cambiar muchas formas que ahora le impiden entrar en la mente, y tendrá que aprender a vivir mucho más sereno, y sobre todo a observar.
Porque en el fondo un átomo, una semilla, un espermatozoide y un pensamiento son la misma cosa: el principio de una nueva vida.
De cada uno depende si quiere tener una vida fértil o estéril.∆

viernes, 22 de enero de 2010

La tortuga que cayó del cielo.




67 - La tortuga caída del cielo.



-¡Una tortuga ha caído del cielo! –gritaban-.

Pronto todo Benarés estuvo conmocionado. Todos estaban muy excitados y ¡cómo no!, hacían miles de conjeturas.

-Nunca había ocurrido una cosa así antes -murmuraba la muchedumbre-.

-¿Se trata de una tortuga marina o terrestre? -preguntaban otros-. Pero nadie sabía responderles.

-Llevémosla al palacio real y preguntemos allí. Esto debe de tener algún significado secreto.

-¿Cómo es posible que pase una cosa así? -preguntó el rey Bramha Datta cuando le dieron la noticia-. ¿Qué opina mi consejero?

Habéis de saber que Bramha Datta, el rey de Benarés, era extremadamente charlatán. Le encantaba tener largas conversaciones y, cuando se ponía a hablar, nadie podía decir ni una palabra.

Su consejero, un hombre sabio, buscaba la manera de curarle de esa mala costumbre, pero hasta ese momento todos sus intentos habían fracasado. La tortuga caída del cielo le inspiró.

Cuando el rey y toda la Corte fueron a investigar la razón por la cual la tortuga había caído, el consejero mencionó, como por casualidad, que muchos patos de la llanura iban al lago Manasa, en los Himalayas, a pasar el verano.

-¿Qué nos quieres decir con esto? -le interrumpió el rey-. ¿Por qué ha caído la tortuga desde las nubes?

El consejero se recordó a sí mismo que debía tener paciencia y contó que una vez, dos patos se hicieron amigos de una charlatana tortuga en el lago Manasa. Un día cercano al final del verano, cuando los tres se estaban bañando juntos, los patos dijeron:

-Amiga tortuga, nuestra casa de invierno es un lugar delicioso -y añadieron, antes de que la tortuga iniciara uno de sus interminables monólogos-, ¿quieres venirte con nosotros y pasar el invierno allí?

-Ya me gustaría - replicó la tortuga -, pero, ¿cómo podría hacerlo? Yo no tengo alas como vosotros.

-En realidad esto no es un problema -dijeron los patos, antes de que su amiga pudiera empezar un largo discurso acerca del arte de volar o la técnica del planeo-, no es un problema real -repitieron-, podemos llevarte con nosotros, pero a condición de que permanezcas callada durante todo el viaje. ¿Podrás tener tu lengua quieta tanto tiempo?

-Claro que puedo -respondió la tortuga, sumamente molesta de que los patos la considerasen incapaz de controlar su charlatanería-, con toda seguridad os digo que puedo.

-Entonces será muy sencillo -le dijeron-.

E hicieron que la tortuga agarrara fuertemente el centro de un palo con su boca mientras ellos cogían cada uno un extremo del palo con sus picos. Así los tres volaron a través del cielo. Este extraño espectáculo atrajo la atención de los hombres en los campos y en las calles. Habían visto a menudo volar a los patos hacia el sur al principio del invierno, pero nunca a una tortuga llevada de ese modo.

-¡Mirad! -gritaban, señalando hacia el cielo-, ¡mirad a esos patos que llevan a una tortuga agarrada de un palo! ¿No es extraordinario?

Esto ya fue demasiado para la charlatana tortuga, que abrió su boca para decir:

-Si mis amigos desean llevarme con ellos, ¿qué os importa a vosotros? Ocupaos de vuestros propios asuntos.

Pero al soltarse para hablar cayó en picado y ése fue su fin. La tortuga nunca pudo acabar de decir lo que intentaba decir.

-Y así fue como -dijo el consejero al rey-, esa tortuga llegó a la Corte en el Palacio. En verdad te digo que la cháchara sin fin conduce a la desgracia. Una sola palabra de más puede causar la ruina. Mientras se contiene la lengua, todo va bien. Al hablar, se yerra. Aprende esta lección, mi honorable amigo:

-Hablar de más puede significar el propio final.

El rey Bramha Datta entendió en ese momento el significado que esa lección tenía para él. Y preguntó:

-Dime, consejero, ¿has hablado para mí?

-Señor -replicó el consejero-, cualquiera que hable moderadamente, sea príncipe o mendigo, aleja la desgracia de él.

Desde entonces, el rey de Benarés se convirtió en un hombre de pocas palabras, aprendió a controlar su lengua y así llegó a la maestría del arte del autocontrol

jueves, 14 de enero de 2010

UN HOMBRO.


Un hombro para llorar




Un día mi madre me preguntó cuál era la parte más importante del cuerpo.

A través de los años, traté de buscar la respuesta correcta.

Cuando era más joven, pensé que el sonido era muy importante para nosotros, por eso dije: "Mis oídos, mamá".

"No", me contestó mi madre, "muchas personas son sordas y se arreglan perfectamente". "Pero sigue pensando, te preguntaré de nuevo."

Al cabo de unos años me preguntó otra vez, y para entonces yo creía haber encontrado la respuesta correcta.

Así que le dije: "Mamá, la vista es muy importante para todos. Entonces

deben ser nuestros ojos." Con una sonrisa tolerante me dijo:

"Estas aprendiendo rápidamente, pero la respuesta no es correcta porque hay muchas personas que son ciegas y salen adelante aún sin sus ojos".

Continué pensando. Mi madre me preguntó un par de veces más, y, ante mis respuestas, la suya era:

"No, pero te vuelves más inteligente con los años. Pronto acertarás".

El año pasado, mi abuelo murió. Todos estábamos dolidos. Lloramos. Incluso mi padre lloró. Recuerdo esto porque fue la segunda vez que lo vi llorar.

Al momento de darle al abuelo el adiós final, mi madre me miró y me preguntó:

"¿No sabes todavía cuál es la parte más importante del cuerpo, hijo?".

Me asustó que me preguntara eso justo en ese momento, pues yo siempre había creído que se trataba de un juego entre mi madre y yo.

Pero ella, notando mi confusión, me dijo:

"Esta pregunta es muy importante. A todas las respuestas que me diste en el pasado, te dije que estabas equivocado y por qué. Pero hoy es el día en que necesitas saberlo."

Rompió a llorar y la abracé. Entre sollozos y apoyada en mí, me dijo:

"Hijo, la parte más importante del cuerpo es tu hombro".

"¿Porque sostiene mi cabeza?", le pregunté.

"No, hijo, es porque puede sostener la cabeza de un ser amado o de un amigo cuando llora. Algún día de nuestras vidas, todos necesitaremos un hombro para llorar. Yo sólo espero que tengas amor y amigos, y así siempre tendrás un hombro donde llorar cuando lo necesites, como yo ahora necesito del tuyo".